No es un chatbot ni otra herramienta que tu equipo tiene que aprender. Trabaja en los mismos canales que ya usas —WhatsApp, correo, tu CRM— con las reglas de tu negocio.
El primer proceso listo en 14 días. Tú apruebas lo importante.
Leads que se enfrían porque nadie respondió a tiempo. Cotizaciones que salen tarde y el cliente ya cotizó con otro. Seguimientos que se olvidan. Reportes que le quitan horas a tu gente mejor pagada. El problema no es que falte talento: es depender de que alguien se acuerde de hacer lo mismo, otra vez.
Y dejar que una IA hable con tus clientes sin control tampoco es la solución. Lo que necesitas es que el trabajo se haga, y poder verlo, decidirlo y detenerlo cuando quieras.
Un chatbot genérico que inventa respuestas a tus clientes
Otra plataforma más que tu equipo tiene que aprender
Una automatización que nadie entiende ni puede revisar
Algo que manda correos, cobra o cambia datos sin que tú lo veas
Un asistente que ya conoce tus reglas, tus precios y tu forma de decidir
Que trabaja en tus mismas herramientas: WhatsApp, correo, CRM
Que sabe qué puede hacer solo, dónde te pregunta antes y qué nunca toca
Que guarda todo lo que hizo, y que puedes pausar cuando quieras
El asistente propone la acción. Tú decides. Y siempre puedes ver qué hizo.
Nunca se da permisos a sí mismo ni hace algo que tú no autorizaste.
Cada instalación requiere mapear decisiones, permisos y excepciones de tu negocio. Por eso aceptamos pocas al mes: no es copiar y pegar una plantilla, es construir un responsable a la medida de cómo trabajas tú.
Cada semana alguien arma el reporte juntando información de cinco lugares.
Prepara y entrega el reporte: qué se hizo, qué faltó, qué quedó pendiente y qué resultado tuvo.
El cliente firma y el equipo vuelve a improvisar accesos, correos y primera reunión.
Recorre la lista de bienvenida paso por paso, confirma cada uno y solo te avisa si algo se queda trabado.
Después de cada llamada nadie actualiza la información del cliente.
Actualiza los datos que tú permitas. Y cada cambio queda anotado: qué tocó, a qué hora y por qué.
Armar una propuesta tarda días, y para cuando llega el cliente ya cerró con otro.
Junta los datos, calcula y prepara la propuesta. Si está dentro de lo que autorizaste, la envía; si no, espera tu visto bueno.
El prospecto pide tiempo para pensar y después nadie lo vuelve a contactar.
Hace los seguimientos en los tiempos correctos, anota cada contacto y te avisa cuando hace falta tu criterio.
Un cliente escribe fuera de horario y nadie sabe quién debe responderle.
Responde, clasifica y agenda la cita con tus criterios. Si hay que dar un precio o un descuento, te pregunta primero.
Una automatización normal ejecuta una secuencia cuando ocurre algo. El operador revisa estados, recuerda compromisos, usa herramientas, propone decisiones, espera aprobación y vuelve a intentar cuando hace falta.
Lo llamamos asistente porque trabaja contigo. Técnicamente es un operador de IA persistente: tiene herramientas, memoria, tareas recurrentes, permisos y un historial auditable.
Recuerda compromisos, estados y decisiones anteriores. Sabe en qué punto quedó cada proceso.
Solo usa las herramientas que tú conectaste. No accede a nada que no le hayas dado.
Cada acción respeta los permisos que definiste. Lo que está fuera de lo permitido no se ejecuta o espera tu decisión.
Antes de enviar, cobrar o cambiar algo importante, te pregunta. Tú decides si procede.
De cada acción guardamos quién la propuso, quién la aprobó, qué hizo y cómo quedó. Todo revisable.
Cuando encuentra una excepción que no sabe resolver, te avisa. No improvisa ni asume.
Cinco pasos. Un proceso a la vez. Cada etapa deja un resultado concreto antes de avanzar.
Buscamos juntos el trabajo que más dinero te pierde hoy.
Calculamos ese costo con tus propios números. Si no vale la pena, no seguimos.
Anotamos cómo decides tú, qué apruebas y qué nunca se debe tocar.
Lo dejamos trabajando en tus canales y listo en 14 días.
Medimos el resultado y, solo si mejoró, pasamos al siguiente proceso.
Al principio, cualquier mensaje a un cliente, cotización o movimiento de dinero te lo pregunta antes.
Ves qué quiere hacer, lo cambias, lo apruebas o lo rechazas. Si no contestas, no hace nada.
Cuando una tarea siempre sale igual, puedes dejar que la haga solo, dentro de lo que tú permitas.
De cada acción guardamos quién la propuso, quién la aprobó, qué hizo y cómo quedó.
Tú decides montos, canales, horarios, a quién puede escribir y qué cosas siempre deben pasar por ti.
Lo detienes cuando quieras. No puede volverse a encender solo ni cambiarse sus propias reglas.
No importa tanto la industria. Lo que importa es que exista un proceso con estas características. Ejemplos donde suele aparecer:
Reportes, bienvenida de clientes y seguimiento comercial
Calificación, seguimiento post-visita y CRM
Confirmaciones, reactivación y seguimiento
Cotizaciones, despacho y seguimiento de proyectos
Calificación, seguimiento y bienvenida de clientes
Presupuestos, coordinación y reportes de avance
Buscamos juntos el trabajo que más te cuesta y lo medimos con tus números.
Convertimos tu forma actual de trabajar en reglas, decisiones, excepciones e integraciones listas para construir.
$800/mes de infraestructura, mantenimiento y monitoreo · Sin permanencia
Para negocios que ya tienen su primer operador y quieren agregar más procesos.
Antes de avanzar al siguiente proceso, el primero tiene que demostrar dos cosas: que respeta tus reglas y que mejora un número que acordamos.
Control: nada importante se hace sin tu visto bueno.
Ves qué propuso hacer, qué decidiste, qué terminó haciendo y cómo quedó. No tienes que confiar en una promesa: lo ves tú mismo.
Tranquilidad: el asistente no puede darse permisos, ampliarse ni encenderse solo.
Si tú dijiste que algo no se hace, no se hace. Esa regla no la cambia él.
Resultado: acordamos el número antes de empezar.
Horas recuperadas, seguimientos completados, cotizaciones enviadas a tiempo o ventas atribuidas. Si no mejora, no agregamos nada nuevo.
Empieza haciendo muy poco por su cuenta. Tú defines qué puede hacer solo, dónde tiene que preguntarte antes y qué nunca debe tocar. Si algo no está dentro de lo que permitiste, no lo hace o espera tu decisión.
Todo queda anotado: a qué hora, qué propuso, quién lo aprobó, qué terminó haciendo y cómo quedó. Si actualizó tu CRM, ves qué cambió. Si preparó una cotización, ves qué precios usó.
Sí. Lo pausas cuando quieras y no puede volverse a encender solo. Para reanudarlo hace falta que tú, o alguien que tú designes, lo autorice.
Sí, cuando tu cuenta y proveedor permiten conexión oficial. Durante el diagnóstico confirmamos qué canales pueden integrarse de forma segura. Si una conexión no es viable, no la incluimos.
No. Trabajamos con las que ya usas: WhatsApp, correo, tu CRM. Solo conectamos lo que ese proceso necesita y, si algo no funciona bien, simplemente no lo usamos.
Para nada. Apruebas desde tu WhatsApp y te dejamos una guía sencilla: tú escribes esto, el asistente hace esto. Cero software nuevo que aprender.
No reemplaza a tu gente: la libera. Tu equipo se queda con lo que de verdad necesita criterio humano —excepciones, relaciones, decisiones— y el asistente se encarga del trabajo repetitivo que hoy les quita horas.
En 45 minutos medimos juntos ese proceso y acordamos un número. Si no te conviene claramente, no construimos nada.
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